Una (casi) entrevista al comité invisible (2015)



Publicado bajo el título «Die Wut gewinnt an Boden» (La rabia gana terreno) en el periódico alemán Die Zeit, el 23 de abril de 2015: «¿Solo la violencia puede combatir el dominio del capitalismo? Eso cree el comité invisible, un colectivo de izquierda radical. Una entrevista con el colectivo anónimo de autores de Francia. El comité invisible es el nombre de un grupo de intelectuales franceses que en 2010 generó debates a nivel mundial con su manifiesto de izquierda radical La insurrección que viene. Se considera que la cabeza principal del comité es un joven filósofo a quien la policía francesa sospechó de haber llevado a cabo ataques contra vías del TGV, aunque no pudieron probarle nada. En estos días, se publica en la editorial Nautilus de Hamburgo el panfleto A nuestros amigos (192 páginas, 16 €). En este texto, el comité hace un balance de los éxitos de los “movimientos de insurrección” en todo el mundo, desde Alemania y Grecia hasta Turquía. Una oscura militancia marca el tono del libro, escrito de manera sugestiva: el capitalismo de Wall Street destruye la sociedad e infecta a las personas con un sentimiento de crisis permanente. “El hombre occidental ha convertido lo existente en un absurdo vacío”. La única solución, según el comité, es una insurrección decidida. “¡Bloqueémoslo todo!”. La sección de cultura de Die Zeit tuvo la oportunidad de enviar preguntas al comité por escrito, abordando, entre otros temas, su cuestionable relación con la democracia y la violencia. Sin embargo, el comité prefirió no responder directamente, sino mediante citas».
Esta traducción retoma las partes originales en alemán de la versión original de la entrevista, mientras que las citas de textos originalmente en francés se traducen de la versión publicada por lundimatin el 26 de abril de 2015. En esta versión, se anuncia de la siguiente manera la entrevista: «Desde 2007, y a pesar de sus éxitos literarios, el comité invisible siempre se ha abstenido de aparecer públicamente o de conceder entrevistas. Este alejamiento, bajo el pretexto de que no serían “autores” sino una simple “instancia de enunciación estratégica para el movimiento revolucionario”, les ha valido, sin embargo, convertirse en el objetivo de una de las investigaciones policiacas más sorprendentes de las últimas décadas. Algunos lo recordarán: Michèlle Alliot-Marie, ministra del Interior, hizo el ridículo al ordenar una improbable operación antiterrorista contra una comuna en Corrèze. A pesar de muchos años de investigación y del interrogatorio al director de su editorial, la élite de la policía francesa no logró detener a estos “escribas” y tuvo que liberar a uno de sus lectores más elocuentes, Julien Coupat. Como muchos otros medios, lundimatin también había enviado una solicitud de entrevista a la editorial La fabrique, sin exito. Por lo tanto, fue con gran sorpresa, mientras hojeábamos descuidadamente la prensa alemana, que descubrimos en la edición de Die Ziet del jueves 23 de abril de 2015 una entrevista con el comité invisible. Al parecer, fue con motivo de la publicación en alemán de An Unsere Freunde (A nuestros amigos) que la sección de Cultura del periódico logró hacerles llegar sus preguntas. Desde la introducción, el periodista no oculta sus intenciones: desentrañar las “relaciones dudosas con la democracia y la violencia” del comité invisible. Die Zeit, una institución germánica en toda regla, expresa aquí al comité invisible sus temores sobre la posibilidad de una conmoción consecuente del estado del mundo. Hemos decidido traducir y difundir en francés esta sorprendente entrevista».
 
¿Contra quién debería dirigirse la insurrección que viene? ¿Cómo se define a su adversario político en la jungla de la posmodernidad?
 
«Los señores mismos se esmeran en hacer que el hombre pobre se vuelva su enemigo. No quieren eliminar la causa de las insurrecciones. ¿Cómo puede salir bien al final?» (Thomas Müntzer).
 
¿Qué les hace estar tan seguros de que puede haber una alternativa al capitalismo tardío? ¿No somos todos, incluyéndolos a ustedes, también beneficiarios del sistema? ¿Podemos combatir sus desventajas sin perder sus ventajas?
 
«Siempre hay algo, en el cuerpo social, en las clases, en los grupos, en los propios individuos, que escapa de alguna manera a las relaciones de poder; algo que no es la materia prima más o menos dócil o rebelde, sino que es el movimiento centrífugo, la energía inversa, la fuga. “La” plebe no existe sin duda, pero hay “algo de” plebe. Hay algo de plebe en las cuerpos y en las almas, la hay en los individuos, en el proletariado, la hay en la burguesía, pero con una extensión, unas formas, unas energías, unas irreductibilidades diversas. Esta parte de plebe es menos un exterior respecto a las relaciones de poder que su límite, su reverso, su contragolpe; es aquello que responde a cada avance del poder con un movimiento para desprenderse de él» (Michel Foucault).
 
¿Qué es lo más importante: la revolución del dominio político-económico o la revolución del mundo interior, es decir, la creación de una «nueva consciencia»?
 
«La coincidencia del cambio de las circunstancias y la actividad humana o la autotransformación sólo puede entenderse de manera racional como praxis revolucionaria» (Karl Marx).
 
¿Sería correcto regresar a las economías y espacios económicos nacionales y regionales con sus propias monedas?
 
«La escala nacional, que durante mucho tiempo fue la escala por excelencia de la acción política, ya sea para el Estado o para los revolucionarios, se ha convertido en la escala de la impotencia. Una impotencia que se gira contra sí misma en forma de rabia nacionalista que en todas partes gana terreno. Para nosotros, el marco nacional está terminado y agotado, y no sólo porque le va como anillo al dedo a todas las formas de reacción. No hay nada que esperar de él. Está muerto y enterrado. El Estado ya sólo es bueno para servir la bandeja de plata preparada por la Troika, esa Santa Trinidad formada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central y la Comisión Europea. Para nosotros, lo nacional no existe más. Ya sólo existe lo local y lo mundial» (Destroika).
 
¿Es siquiera una opción posible el retorno a formas de vida premodernas? En otras palabras, ¿es necesario liquidar la modernidad digital y la globalización?
 
«Creer en el progreso no significa creer que ya ha ocurrido un progreso. Eso, precisamente, no sería creer» (Franz Kafka).
 
¿Se consideran parte de la tradición del anarquismo francés? ¿Quiénes son sus referentes?
 
«Incluso los anarquistas han sido hasta ahora demasiado sistemáticos y su anarquía está atrapada conceptos rígidos y estrechos [...]. Pero la anarquía no es algo tan cercano, frío y claro como habían creído los anarquistas; cuando la anarquía se convierte para ellos en un sueño oscuro y profundo, en lugar de ser un mundo alcanzable conceptualmente, su ethos y su acción se unificarán» (Gustav Landauer).
 
¿Qué opinan de la frase de Dostoievski: «Ninguna salvación, ni religiosa ni socialista, vale ni siquiera las lágrimas de un solo niño»?
 
«Dado que la historia, como correlato de una teoría unitaria, no es el bien, sino precisamente el horror, entonces el pensamiento es en realidad un elemento negativo. El pensamiento emancipador no ocurre persiguiendo el ideal de una sociedad justa, sino separándose de una sociedad falsa» (Theodor Adorno).
 
¿Cómo distinguen la violencia de derecha de la violencia de izquierda? O, en términos de Benjamin, ¿cómo distinguen la violencia pura de la violencia instrumental?
   
¿Por qué no distinguen entre poder democrático legítimo y violencia estatal ilegítima?
 
«Y aunque la policía pueda parecer en todos lados igual en sus detalles, al final no se puede ignorar que su espíritu es menos devastador en la monarquía absoluta, donde representa la violencia del soberano en quien se unen la autoridad legislativa y ejecutiva, que en las democracias, donde su existencia, sin esa relación elevadora, atestigua la mayor degeneración posible de la violencia» (Walter Benjamin).
 
Herbert Marcuse dice, en esencia: una revolución sólo se justifica si existe una situación revolucionaria y una abrumadora mayoría de la población sufre. ¿Tiene razón?
 
«Andreas Lubitz era un hombre normal. Todos las personas que tuvieron contacto con él lo dicen, así que no hay duda al respecto: uno es normal en la medida en que es reconocido como tal por la mayoría. No era musulmán, ni anarquista, ni drogadicto, ¡ni siquiera alcohólico! Era tan normal que padecía, como casi todo el mundo en Europa occidental, de “depresión”. Después de todo, ¿qué podría ser más normal que estar deprimido cuando se vive en un país deprimente?» (Alessi dell’Umbria).
 
Según la fórmula de Marx, ustedes definen la «felicidad» como una «lucha». Esto significa que siempre necesitan un enemigo para ser felices. El Otro hostil se convierte en el sentido de su existencia. ¿Por qué?
 
«Son sabios y saben todo lo que ha sucedido: así que no dejan de burlarse. Aún discuten, pero se reconcilian pronto; de lo contrario, se arruinarían el estómago. Tienen sus pequeños placeres para el día y sus pequeños placeres para la noche: pero veneran la salud. “Hemos inventado la felicidad” — dicen los últimos hombres y guiñen el ojo» (Friedrich Nietzsche).
 
Si definen la historia del mundo como una «guerra» permanente, están convirtiendo una descripción empírica en una afirmación ontológica. La esencia de la historia es la guerra, y por tanto la guerra debe ser. ¿Por qué este corto circuito filosófico?
 
«Si la tecnicidad o la economía normativa, que son el sello de nuestra época, ocultan el conflicto originario, incluso cuando éste se multiplica y se lleva al extremo, entonces abrir un campo para manifestar ese conflicto negado no es un programa tan oscuro como parece. Es el programa de la verdad» (Reiner Schürmann).
 
¿Por qué toman una decisión normativa previa y asocian la intensidad existencial con la experiencia de la violencia y el éxtasis? ¿Acaso la paz no es una intensidad?
 
«La clase trabajadora, que de ordinario estaba bien disciplinada, que confiaba en sus líderes socialdemócratas y se sentía satisfecha de que el ayuntamiento de Viena fuera administrado por ellos de manera ejemplar, actuó ese día sin sus líderes. Cuando incendiaron el Palacio de Justicia, el alcalde Seitz se les enfrentó subido en un camión de bomberos, con el brazo derecho en alto. Su gesto fue inútil: el Palacio de Justicia ardió. La policía recibió la orden de disparar, hubo noventa muertos. Han pasado cuarenta y seis años, y la conmoción de ese día aún la siento en los huesos. Es lo más cercano a una revolución que he experimentado en carne propia. Cien páginas no bastarían para describir todo lo que vi con mis propios ojos» (Elias Canetti sobre los acontecimientos del 15 de julio de 1927).
 
¿Por qué no distinguen entre insurrecciones en países democráticos y en países no democráticos?
 
«¿Qué es, pues, un demócrata, les pregunto? Es una palabra vaga, banal, sin un significado preciso, una palabra de goma. ¿Qué opinión no podría acomodarse bajo ese rótulo? Todo el mundo se dice demócrata» (Auguste Blanqui).
 
¿Por qué lo que viene es mejor que lo que es?
 
«Es muy posible que la gloria de la vida esté siempre y para todos a nuestro alrededor en toda su plenitud, pero oculta, en lo profundo, invisible, muy lejana. Pero está ahí, no es hostil, no es reacia, no es sorda. Si se la invoca con la palabra correcta, con el nombre correcto, entonces viene. Ésa es la esencia de la magia, que no crea, sino que invoca» (Franz Kafka).
 
¿Qué pueden esperar de ustedes sus enemigos? ¿Qué sucede con aquellos que no están ni de su lado ni del lado del poder?
 
«El cielo y la tierra son de majestuosa belleza, pero no hablan; las cuatro estaciones se suceden según una ley evidente, pero no negocian sobre ello» (Chuang Tzu).
 
Incluso en la comunidad futura que ustedes proponen, la pregunta clave es: ¿quién decide? Ustedes eligen combatir toda representación. ¿A quién representan ustedes mismos?
 
«Nuestro designación como representantes del partido proletario no la recibimos de nadie más que de nosotros mismos. Pero está legitimada por el odio exclusivo y universal que nos dedicaron todas las facciones del viejo mundo y los partidos» (Karl Marx).
 
¿Cuándo terminará el estado de excepción de la historia?
 
«El Mesías sólo vendrá cuando ya no sea necesario, llegará un día después de su llegada, no vendrá en el último día, sino en el ultimísimo» (Franz Kafka).